Una hora antes de que entrara en vigor la prohibición, la red de Metro había quedado cerrada. Numerosos comercios y bancos de propiedad china o de dueños simpatizantes de China veían destrozadas sus cristaleras; en la calle, ardían barricadas; varias estaciones de metro comenzaban a incendiarse. En el barrio de Tuen Mun, un grupo de manifestantes radicales atacaba a un policía fuera de servicio en su vehículo; el agente respondió con un disparo que alcanzó al niño de 14 años en un muslo. En el barrio comercial de Causeway Bay, la Policía obligaba a disolverse a centenares de movilizados con una lluvia de rondas de gases lacrimógenos. Si la prohibición de ocultar el rostro en manifestaciones, durante disturbios o si lo exige la policía ha causado furia, la ira se ha visto multiplicada por el modo en que se ha aprobado la medida. Lam ha invocado, en una reunión con su Ejecutivo, la ley de Regulaciones de Emergencia (ERO, por sus siglas en inglés), una norma de la era colonial qu...